martes, 28 de febrero de 2017

Algunas ideas de transporte alterno en el siglo XIX


Mapa del Lago de Chapala y sus afluentes.
          
APACIGUADA LA GUERRA DE LA INDEPENDENCIA, en ese respiro que hubo entre los años de 1821 y la invasión de 1847, tenemos conocimiento de algunos proyectos diseñados para beneficiar a la región, como decían, ya sea con beneficios agrícolas o industriales de la cuenca propia o en las poblaciones a su alrededor que ya empezaban a crecer.
El primero de ellos pudo haber sido el que desarrolló Pedro Taméz en 1833 cuando propuso la posibilidad de desviar el agua del río Santiago hacia Guadalajara, donde se podría construir un molino. Mandó trazar un canal que iría desde Poncitlán hasta las orillas de la ciudad de Guadalajara, seguramente influenciado por las ideas Alejandro von Humbolt, tal como lo había publicado en su libro donde decía que... «el río Santiago atraviesa la intendencia de Guadalajara de Este a Oeste; río considerable que se comunica con el lago de Chapala y que, algún día, cuando la civilización de aquellos países esté más adelantada, podrá ser importante para la navegación interior desde Salamanca y Celaya, hasta el puerto de San Blas». 
Como buen europeo sabía el valor de la navegación por el Rin, el Danubio, el Támesis y en su visita que hizo a México, se le ocurría mencionar esta posibilidad desviando el agua del río Santiago y Pedro Taméz se basó en esto para desarrollar su proyecto.
No se tenía el concepto integral de los sistemas ecológicos donde modificando un poco una de sus variables puede afectar a la siguiente en forma encadenada y exponencial, hasta terminar con todo un ecosistema en un abrir y cerrar de ojos, tal como ha sucedido en nuestros días y podemos ser testigos.

1837. El lago de Chapala como si fuese el paraíso
Para que no haya la menor duda de cómo se encontraba el lago en el siglo XIX tenemos la narración que hizo en 1837 un naturalista francés llamado Galeotti, describiendo el paisaje del lago a las mil maravillas. Lo describe de tal manera que se nos antoja publicarlo aquí, antes de entrar de lleno en las obras que cambiaron la estabilidad del lago y de su cuenca. Espero que cuando lo hagamos, tengan muy fresca esta descripción en la cabeza.
«El espectáculo que presenta la laguna desde la cima de las montañas, situadas al norte de la hacienda de la Labor es magnífico, pues se descubre, por una parte, una inmensa extensión de agua con sus islas y orillas cubiertas de rocas, pueblos blancos, cabañas de pescadores, el edificio del presidio en la isla de Mezcala, las haciendas, las fértiles riberas cubiertas de campos de maíz y de garbanzo, grandes manadas de bueyes pastando en las llanuras, riachuelos sombreados por sauces y cinerarias; a lo lejos se alcanza a ver la cima nevada del volcán de Colima que sobresale por entre la cordillera de Tapalpa; las canoas que vuelan sobre la superficie tersa o ligeramente encrespada de la laguna en que se refleja un cielo azul: los montes de Tizapán, los que pertenecen a Michoacán y las extremidades de la laguna ocultas por los vapores. Forman todo un conjunto que encanta al naturalista y paisajista que sale de los áridos valles de Guadalajara para entrar en esta cadena de montañas, desde donde se extienden sus miradas por un horizonte siempre risueño, sin que se disminuya su entusiasmo, ni quede satisfecha su curiosidad. Se admira allí una naturaleza bella y grandiosa aunque apacible y digna de excitar meditaciones que parece que el alma se eleva y recrea con una sublime contemplación».
¿No es una descripción como la que podríamos haber hecho del paraíso perdido y de esa naturaleza que sabemos que un día así fue tal vez en el origen de todos los tiempos?

1865. Navegación por el lago de Chapala y el río Grande
El 26 de diciembre de 1865 un grupo de accionistas habían depositado en el Ministerio de Fomento de la ciudad de México las actas constitutivas de la «Compañía de Navegación y Comercio del Lago de Chapala y Río Grande».
La actividad que declaraba esa sociedad implícita en su nombre, era para llevar a cabo la navegación y el comercio en el lago de Chapala y el río Grande y, específicamente, después de comprar varias embarcaciones de diferentes tipos, para navegar por esos rumbos, canalizado el río Grande para hacerlo navegable y después de haber construido varias bodegas, donde podrían ofrecer los servicios de almacenamiento de granos y productos agrícolas, promoverían el comercio entre los pueblos del lago de Chapala y los que se encuentran en las márgenes del río.
Con la intervención francesa, que duró hasta el año de 1867 se murió el proyecto y la empresa que lo impulsaba aunque ya tenían listo su plan de mercadotecnia y habían realizado un mapa bien hecho con todas y cada una de las poblaciones y sus inventarios, activos y demás datos necesarios para determinar qué tipo y de qué tamaño tendrían que ser las bodegas y los puertos que tenían que construir.

1868. La transportación lacustre cuando había agua
En 1868 había un vapor llamado Libertad que hacía su recorrido por todo el lago de Chapala. En aquel entonces podía hacerlo y lo siguió haciendo hasta que sucedió el trágico hundimiento frente al muelle de Ocotlán en el año de 1888.

1871. Canalización del río Grande
Tres años después de que estaba en operación el vapor Libertad, en 1871, el ingeniero Juan B. Matute publicaba un proyecto con las posibilidades de una nueva canalización del río Grande Santiago que podría ir desde Yurécuaro, a unos cincuenta kilómetros de la orilla del lago a la orilla del río Lerma, hasta Juanacatlán, pasando a orillas del lago de Chapala.
Después de presentarle este proyecto a Ignacio L. Vallarta, en ese momento gobernado de Jalisco (1871 a 1875), le contestó diciéndole que, «¿por qué no te trabajas en un proyecto para un ferrocarril y así que se pudiera juntar el canal con la ciudad de Guadalajara?»
Matute le hizo caso y diseñó para que pasara por lo que sería el Salto de Juanacatlán –¿se acuerdan cuando era Salto todo un señor salto y no como ahora que sólo queda un Juanacatlán lleno de basura y de moscas?–, y que también pasaría por San Pedro Tlaquepaque. El costo sería de unos seiscientos mil pesos. El gobernador prometió ayudarlos, pero no paso nada.

1892. Un primer ferrocarril de vía económica
Para 1892, los señores Mariano Corona y Cenobio I. Enciso, recabaron del Congreso del Estado la licencia para construir «un ferrocarril de vía económica, sistema Decauville». Habían hecho todos los estudios que presentaron al cabildo donde demostraban la «conveniencia social», así como económica, tanto por lo barato que salía el proyecto relacionado con el beneficio que tendría la población. Tenían listo el estudio de factibilidad y sabían que podrían solventar los costos siempre y cuando pagaran el proyecto se ajustara al presupuesto y los réditos del dinero solicitado se iría amortizando con las entradas previstas, según los estudios de peaje y población que se habían hecho a propósito. Con todos estos números, según sus cálculos quedaría unas buenas utilidades para la empresa. Sabían que si facilitaban el transporte éste, a su vez, movería las palancas del comercio, el turismo y de la vida en general para beneficio de toda esa región.




[1] Op. Cit., volumen II, capítulo VIII, página 38

miércoles, 22 de junio de 2016

Trayectorias de María Lagunes

El arte siempre penetra en la persona a través de las grietas existentes en su vida psíquica, Stephen Greenblatt.

 
Una trayectoria, según la Real Academia Española, es ‘la línea descrita en el plano o en el espacio por un cuerpo en movimiento’, como también describe ‘el curso que, a lo largo del tiempo, sigue el comportamiento o el ser de una persona’ y en meteorología, es ‘el curso que sigue el cuerpo de un huracán o de una tormenta giratoria.’

Por alguna de estas tres definiciones María Lagunes o el MUCA decidieron llamar así a esta retrospectiva como si fuera el recorrido de un huracán llamado María Lagunes, con tal de que podamos conocer el curso o los cursos, más bien, que ha tomado esta artista a lo largo del tiempo, como lo podemos ver en este espacio que más que Museo es la segunda casa de María, porque al lado, en la Facultad de Arquitectura, estuvo dado clases de Dibujo, Técnicas de presentación, Integración plástica y Color en la arquitectura por más de treinta y cinco años, a partir de 1969, por lo que no sólo es conocida, sino apreciada por sus alumnos como podemos leer en el testimonio que publica Lorenzo Rocha en el catálogo de las Trayectorias que hoy celebramos.

En el catálogo y en la exposición, nos hemos podido dar cuenta de su comportamiento y, de esa manera, reconocer que son obras basadas en la experimentación como esa que ha realizado en cuatro décadas y que ahora son parte de la selección de esculturas, dibujos, pinturas y esos gobelinos realizados en el taller de Ashida en la ciudad de Guadalajara.

Todas estas obras fueron hechas con ese mismo afán y espíritu del artista que busca y encuentra, prueba y se equivoca, corrige y explora de nuevo a lo largo del tiempo, como si este fuera el curso de una tormenta giratoria, hasta que consigue expresar lo que en un momento de soledad o de inspiración deseaba expresar, sabiendo que un día esa obra se va a integrar al espacio arquitectónico.

«El arte siempre penetra en la persona a través de las grietas existentes en su vida psíquica», decía Stephen Greenblatt en El Giro, su obra más reciente en donde nos narra el descubrimientos del poema de Lucrecio De rerum natura o De la naturaleza de las cosas, que fue uno más de los catalizadores del Renacimiento y el arte moderno. Por eso no veo por qué no aplicar ese mismo concepto cuando estamos frente a una pintura o una escultura, como en estas que estuvieron hechas con el material que la artista ha decidido viene a cuento para que se ajuste mejor a lo que quiere expresar, para que seamos nosotros los que captemos esa idea o sentimiento a través de las grietas de nuestra vida psíquica, como puede ser la vida amorosa, el Eros que nos mantiene vivos y así, cuando de pronto vi Venus, la pieza de madera de María Lagunes, una pieza que me hubiera gustado verla en un espacio cerrado y que estuviera como una pieza única, y no en medio de esas otras que nos distraen, como estaba la Coatlicue, esa otra escultura prehispánica, majestuosa y dual que era asombroso verla cuando estaba en el antiguo Museo de Antropología del Centro de la Ciudad de México, y no como está ahora en el de museo de Chapultepec, en medio de otras obras.

Así me hubiera gustado ver esta obra que ha penetrado por esa grieta de la psique y por eso viene a colación esa otra obra poética en la que no podemos menos que recordar la manera en que empieza Lucrecio con ese himno a Venus, la diosa del amor, cuya llegada en la primavera disipa las nubes, inunda el cielo de luz y llena el mundo entero de un impetuoso deseo sexual y que es la misma Venus, pero diferente, que luego pintó Botticelli, tan diferente pero tan impactante como la versión abstracta de María Lagunes en donde dan ganas de declamar lo que escribió Lucrecio, sobre todo hoy mismo que es el solsticio de verano:

Primero te presagian, ¡oh diosa!,
y anuncian tu llegada los pájaros del aire,
atravesados sus corazones por tu fuerza;
luego las manadas salvajes brincan sobre los alegres pastos
y cruzan a nado los rápidos torrentes:
hasta tal punto cautivos de tu encanto
te siguen donde quieras llevarlos.
Finalmente, por mares y montes,
en las aguas rapaces y en las frondosas moradas
las aves en los verdes campos,
infundiendo en el pecho de todos los seres
tu tierno amor, haces que las especies ardan en deseos de reproducirse.


Ganas de asociar todo esto mientras vemos esa pieza de madera que tantas ganas nos dan de sobarla, de sentir la calidez de la madera, de seguir sus curvas, como lo hizo María, como si en esa abstracción, en esa forma, en esa curva de una madera veteada, estuviera contenido, ‘el deseo de disipar las nubes y arder en deseos.’

Pero uno puede ver toda esta obra desde otros puntos de vista, según la grieta que nos acompañe. Uno de ellos es la sensualidad que está detrás de lo que vemos pero que, de pronto, como en una obra de acero al carbón que suena a metal frío, resulta que es todo lo contrario, pues sus dos partes están por tocarse en un especie de suspiro como el que nos sale del alma cuando bailamos cerca de la pareja y se nos pone la carne de gallina. Pura sensualidad y deseo de tocarse en la cercanía de los cuerpos con sus orillas redondeadas para que no quede huella de agresividad alguna. (Ver foto).

La obra expuesta y ahora resumida en este catálogo es el resultado de varias décadas de estar probando con diferentes materiales y formas. El dibujo y su metamorfosis en la tercera dimensión para que, nada egoísta la artista, podamos verla por todos lados; y así sigue intentando con otro material para expresarse mejor.

¿Qué será esa madera que un día vi a la entrada de su casa todavía en forma de tronco que reposa o duerme esperando pacientemente que sea transformado en diosa o en vaya usted a saber en qué… a través de lo que María se imagine y experimente su metamorfosis para que sea un renacimiento y pueda ser admirada por los que tengamos la oportunidad de verla un día. Pero a Venus nos dan ganas de tocarla, nos dan ganas de sobar las curvas de esa madera como lo imaginó e hizo María, como es esa diosa que ‘disipa las nubes’, que muchas veces es lo que deseamos para cubrir nuestra grieta psíquica.

O el acero y el bronce, lo que venga a cuento para lo que María quiere expresar en esa su constante aventura, en ese constante probar hasta encontrar la correspondencia. 

María Lagunes sigue buscando y rebuscando expresarse hasta que lo consigue en la forma y el material que experimenta, antes de seguir adelante con una nueva forma como la que alguna noche se la haya ocurrido hacer desde que encontró ese tronco de madera o, al revés, ver primero la composición y ponerse a buscar el material que mejor venga a cuento ahora que sabe que hay que hacer para que adquiera vida propia.

Trayectorias es un homenaje a María Lagunes que le hacen los de la Facultad de Arquitectura en el Museo de Artes y Ciencias de la UNAM, y este modesto catálogo resulta ser parte de este merecido homenaje a una mujer que ha compartido sus secretos con sus alumnos, que dio a conocer los diferentes procesos creativos que ha utilizado, así como, sus ganas de experimentar, para que ellos vuelen por su propio espacio tal como ella lo ha venido haciendo desde hace décadas.

«Lo busco, lo busco y no lo busco», dicen en Yucatán cuando están buscando algo y no lo encuentran. Así me da la impresión que ha estado María en su vida, buscando, buscando lo que quiere encontrar sin darse por vencida hasta que parece haberlo encontrado en una o en varias de sus piezas, pues sin duda, con algunas de ellas y que pueden ser sus consentidas para verla ya terminada y decir: ‘¡Eso es! ¡Eso se acerca de lo que quise decir!’

Bien dice Marcos Mazari que en «su obra siempre ha estado presente el tema de las ciudades y el hombre», y Marc Augé nos habla de «esa elegancia paradójica de María Lagunes» y Louise Noelle insiste «que sus ciudades pasan sin problema de la fantasía a la objetividad» y las compara a las ciudades invisibles de Italo Calvino; o Javier del Cueto cuando dice que «sus manos piensan la escultura y la repasan» y ella está lista para realizar un nuevo proyecto, tal como Lorenzo Rocha, el artista que fue su alumno, recuerda esa actitud crítica de María y como es que «ha sido toda su vida una mujer que no se conforma con lo que ha logrado y que por eso, por ser inconforme, mantiene la misma fuerza y vigor como el que deben tener los verdaderos artistas.»

Por eso, este catálogo resume las Trayectorias de María Lagunes y esta exposición homenaje en el MUCA que nos permite tener una muy buena idea de lo que ha hecho María Lagunes con sus dibujos, esculturas otras técnicas y objetos hechos durante toda una vida.

Muchas gracias.
Martín Casillas de Alba
México, D.F. a 21 de junio, 2016.

jueves, 28 de abril de 2016

La crisis y los cambios necesarios

Ciudad de México a 27 de abril, 2016.


Hace unos días, Bárbara Tijerina me invitó a tomar un cafecito para platicar un rato sobre el Liderazgo del cambio basado en La tempestad de Shakespeare y como ese es un tema que he colocado en este blog de Arte y Liderazgo, viene bien si lo puedan ver en YouTube...

¡Un cafecito bien platicado!
La semana pasada me invitó Bárbara Tijerina a platicar sobre Shakespeare y el liderazgo del cambio, entre otros temas...
La plática la pueden ver en YouTube:


Martín Casillas de Alba | (55) 2955 1138 | casillas.05@gmail.com |

lunes, 11 de abril de 2016

1.2. Definiciones del cambio

Estas son algunas de las definiciones que he seleccionado que tienen que ver con el cambio y la transformación para que las tengamos más o menos presentes, sobretodo si, por momentos, nos perdemos en el bosque. 
La gente puede aceptar un cambio cuando tiene una necesidad, pero sólo reconoce esa necesidad cuando enfrenta una crisis. Jean Monnet (1888-1979), quien era un hombre de negocios y banquero (a quien le decían ‘el padre de Europa’. En este caso, habla de la crisis como el origen, muchas veces, de los cambios que tenemos que asumir.
Lo único que debemos asegurar es nuestra habilidad para el cambio. John C. Lilly (1915-201), médico, neurocientífico y psicoanalista. Como podemos ir imaginando, necesitamos desarrollar una cierta habilidad para enfrentar y realizar los cambios en nuestra vida.
En las especies, el que sobrevive no es el más fuerte, ni el más inteligente, sino aquel que responde mejor al cambio. Charles Darwin (1809-1882). Esta es una de las citas que recuerdo cuando tengo que realizar o enfrentar un cambio: ¿cómo le hago para poder responder mejor al cambio? Porque, estoy seguro que es la única manera de sobrevivir. No hay de otra. Y creo, en verdad, que para esos vamos a leer o estar aquí, dándole de vueltas a ese tema para poder responder lo mejor que podamos cuando tengamos que asumir o realizar un nuevo cambio.
No hay nada permanente, todo cambia, (Panta rei, todo fluye). Heráclito (540 a.C.) Efectivamente, si hacemos una breve reflexión, y recordamos desde nuestra infancia, podremos comprobar que todo, todo cambia, sin duda alguna y ya nada es como era… Nos resistimos al cambio. Realizar uno pequeño, incluso uno que indudablemente es para nuestro bien, suele producir más miedo que ignorar una situación peligrosa. Stephen Grosz, psicoanalista. EPS, 05.01.2014 (a propósito del caso de Marisa Panigrosso que salvó la vida en WTC el 09.01).
 
Una vez le preguntaron a Nina Simone, esa negra cantante de jazz que tiene la mejor interpretación de esa canción francesa Ne me quitte pas o No me dejes…, le preguntaron, pues que era para ella la libertad. Y ella les dijo que no le preguntaran esas cosas, que ella no era una intelectual, sino una cantante de jazz… pero, luego reaccionó y con un gesto les dijo que ya sabía qué la libertad: la libertad es NO tener miedo. Y con esta definición que tanto me gusta, sabemos que si los cambios nos dan miedo, por eso, sentimos que está coartada nuestra libertad. ¿Verdad? 
La crisis puede ser buena, siempre y cuando se llevan a cabo las reformas y los ajustes necesarios. Se necesita una reforma profunda para combatir la corrupción, recortar al sector público, modificar los mercados laborales y poner freno a los sistemas de pensiones hasta ahora tan generosos. En última instancia, esto que se dijo en el 2010, sigue estando vigente (aunque ya nadie se acuerde de esa declaración) pero, efectivamente, la crisis es una buena experiencia. (El País, 28.03.10.)

Qué quiere decir ‘cambiar’
Dar, tomar o poner una cosa por otra; mudar, variar, alterar.
 
Qué quiere decir ‘cambio’:
Acción y efecto de dar, tomar, mudar, variar.
«A cambio»: en lugar de, en vez de, cambiando una cosa por otra;  
«Cambio de estado»: pasar de un estado a otro.
 
Qué quiere decir ‘transformar’:
Hacer que alguien o algo cambie su forma o sus características. Hacer que alguien cambie su manera de ser, ese cambio radical de hábitos y costumbres.
 
El cambio y la evolución de las especies.

De cada especie nacen más individuos de los que pueden sobrevivir. En consecuencia, se lleva a cabo una lucha por la vida que se repite frecuentemente. Todo ser, si cambia de algún modo provechoso entre las complejas y variables condiciones de vida, tendrá una mayor probabilidad de sobrevivir y, de ser así, será naturalmente seleccionado, tal como apuntó en sus trabajos Charles Darwin.
 
Los cambios en la historia de las sociedades.
En el 2016 celebramos dos cientos seis años de haber declarado la Independencia, cuando se iniciaron esos cambios radicales en la manera de gobernar que, en principio, son los que nos han permitido enfrentar mejor el futuro de la vida social de México, cambios que forman parte de su desarrollo: 206 años del grito de Independencia (1810) y 106 de una Revolución social (1910).

¿Podríamos imaginarnos cómo estaríamos sin estos cambios? Eso es tema de la literatura: ¿qué habría pasado si…? 

domingo, 3 de abril de 2016

1.1. La estructura del curso



El curso está diseñado para que se lleve a cabo en cinco horas (con sus intervalos después de cada hora y media) y está dividido en varias partes: 

Una introducción, seguida de algunas definiciones de lo que es el cambio y la transformación antes de que contemos (o que escribamos) las experiencias que hemos tenido en algún cambio que hayamos sufrido en nuestra vida, así como, el impacto que pudo tener hasta nuestros días, antes de saber de qué manera aceptamos el cambio.

Luego, haremos un resumen del viaje de Próspero en La tempestad para que conozcamos lo que ha sucedido y sepamos de antemano la trama, el proceso y las variantes en cada momento, enfatizando las escenas que son más relevantes y que tienen que ver con los asuntos del cambio, de tal manera que podamos dejar esas notas como marcas de los sucesos que más adelante vamos a volver a ver en detalle antes de terminar el curso. 



domingo, 27 de marzo de 2016

Introducción al curso de Liderazgo del cambio

INTRODUCCIÓN
  

En el curso de Liderazgo del cambio y la transformación basado en La tempestad de Shakespeare vamos de reflexionar sobre lo que significa dirigir o vivir un cambio, así como, la transformación necesaria para que podamos realizar esos cambios tan necesarios, si querremos enfrentar mejor nuestro futuro. El curso está basado en La tempestad de William Shakespeare, la última obra que terminó de escribir en 1611.

Bien decía Darwin que en las especies, el que sobrevive no es el más fuerte, ni el más inteligente, sino aquel que responde mejor al cambio, después de haberse dedicado toda su vida a estudiar a miles de especies, tal como lo podemos rescatar en El origen de las especies.

Primero que nada, hay que tener la capacidad de imaginar el futuro, es decir, de tener más o menos una idea de lo que queremos hacer en el futuro como si fuera la meta para saber que es todo eso que tenemos que hacer para intentar llegar y que conectados a ese porvenir.

Un buena manera de empezar sería imaginarnos cómo queremos que sea nuestra vida o nuestro negocio o nuestra institución en el futuro y saber qué clase de retos tendría que enfrentar para que ese futuro estuviese mejor diseñado para nosotros en la vejez y para que las nuevas generaciones tuvieran éxito. Tener una actitud así, tiene mucho valor sin que nos importe el tamaño del reino. Es decir, que esos cambios que planeamos pueden hacerse ya sea en el reino de la familia, si es que podemos imaginar el futuro de nuestros hijos y deseamos que tengan una mejor calidad de vida y de ahí, seguir con otro círculo menor para ir creciendo como crecen esos círculos en el agua después de que cae una piedra, hasta imaginar que podemos estar hablando de corporaciones o naciones enteras en las que podemos ejercer nuestro liderazgo del cambio.

Para eso hay que revisar cuáles son los efectos que se producen cuando vamos a realizar un cambio, así como, reconocer los diferentes papeles que se tienen durante el cambio desde el líder o guía que lo orquesta y dirige y que son los arquitectos del cambio, hasta los sujetos o víctimas del cambio y de esta manera empezar por recordar cuáles han sido nuestras actitudes primarias frente al cambio como esos que existan en nuestra biografía cuando hayamos sido parte o de los que hayamos provocado o experimentado.

Las principales fuentes.
Nos viene como anillo al dedo La tempestad de William Shakespeare (1564-1616), que fue la última obra que escribió completa en su vida antes de retirarse a su casa en Stratford-upon-Avon en 1613, una obra que lavamos a recorrer a través del cristal del cambio y la transformación como la que llevó a cabo el personaje principal como es Próspero, quien había sido el duque de Milán antes de ser exilado por su hermano Antonio junto con Alfonso el rey de Nápoles, para poder vernos en ese espejo y tomar nota de todas esas implicaciones que narra Shakespeare en su obra que, como bien dice Mario Vargas Llosa, no deja de ser ‘el mejor simulacro de la vida.’

«No puedo dejar de pensar en William Shakespeare (1564-1616) escribiendo esta obra en 1611, dos o tres años antes de retirarse a su casa de Stratford-upon-Avon, de donde había salido hacía tiempo, desde que dejó a su hija Susana con un par de años de edad y a los gemelos recién nacidos, Judith y Hamnet, para irse a Londres más o menos en 1589, donde estaba la acción a finales del siglo XVI, cuando reinaba la reina Isabel I desde hacía varios años, en 1558, hasta el día de su muerte en 1603.

»Logró tener éxito en los teatros de Londres, en particular en El Globo a partir de 1599 y en las puestas en escena que hacía en la Corte. Para eso escribió treinta y siete obras, de las cuales, la mayoría tuvieron —y tienen—éxito para lograr una situación económica que le permitió comprarse la casa más grande de su pueblo natal, haber conseguido el título de Caballero (Sir) con todo y su escudo de armas, en donde su emblema decía, como si hiciera falta que lo justificara: Non Sanz Droit.

»Con todo esto no puedo menos que pensar en Próspero, el personaje principal de La tempestad, y el parecido con el autor tal como podemos leer en el Epílogo cuando se despide de la isla —es decir, del teatro—, prometiendo que va a dejar su varita mágica enterrada en las profundidades, como esa que venía usando desde que empezó su vida dramaturgo en Londres con las tres obras o partes de Enrique VI, antes de que atacara la plaga y se pusiera a escribir sus cuatro poemas líricos, entre ellos La violación de Lucrecia y los 154 sonetos cuya estructura de catorce versos divididos en tres partes de cuatro versos cada una y un cierre o volta de dos versos como luego vemos que los aplica en el Prólogo de Romeo y Julieta entre los miles de versos libres con los que compuso el resto de su acervo.

»La tempestad es una obra producto de la fantasía del autor en donde nos relata el descubrimiento su estilo de vida en una isla donde llegó exilado, como si hubiera llegado al gran teatro del mundo o como una de esas colonias en la que conquistaron los ingleses a partir del descubrimiento de América, para hacer de ellas sus colonias y poder esclavizar a los nativos, hasta que en los grandes cambios del XIX, algunas de las colonias se lograron independizar, declarando la igualdad en los seres humanos y la abolición de la esclavitud —como en La tempestad se lo recordaba a cada rato Ariel, el espíritu del cambio y operador del mago. Al final Próspero logra lo que pretendía: por un lado, logró casar a su hija Miranda (llamada así por eso de mirari, asombrarse) con catorce años de edad, con el príncipe de Nápoles, consolidado así el futuro de las nuevas generaciones; además, recuperó su ducado de Milán y, por su cuenta y riesgo, el nativo Calibán se quedó en la isla para volver a ser su dueño.

Próspero imaginó ese futuro y por eso es el arquitecto de los cambios. Los beneficiarios o constructores son los dos jóvenes de la nueva generación: Miranda y Ferdinando, el príncipe de Nápoles; el operador o espíritu del cambio como es Ariel que llevó a cabo todo lo que su amo le ordenaba hiciera. Todo estos seres contrastan con el villano de Antonio, el hermano de Próspero —quien lo exilió con todo y su hija Miranda hacía doce años—, y que nunca pudo aceptar su culpa, ni aceptar el perdón. Es un hombre que se queda con el entripado sin poder cambiar de actitud y del que hay que tomar nota de este tipo de personas como las que hay en nutra vida. Otros dos que son esos empleados y ahora borrachitos —que son los bufones de la obra—, pervertidos por las costumbres y superficiales en sus ambiciones —como también existen en nuestra vida— que cambian de bando con tal de satisfacer unos deseos banales como era, en un momento dado, poder vestirse con unos trapos con los que se veían mejor, aparentando lo que no eran evitando así que llevaran a cabo la conspiración que les había propuesto Calibán para acabar con su patrón.

Próspero se había imaginado el futuro de su hija y por eso planea llevar a cabo todos los cambios que fuesen necesarios para que se casara con Ferdinando, el príncipe de Nápoles y de esta manera, unieran fuerzas y recursos. Ella podría aportar como dote, el ducado de Milán para que se uniera al reino de Nápoles y pudieran enfrentar mejor el futuro. Fusiones y adquisiciones.

»Por eso, hay un gran final cuando vemos cómo es que realiza todos y cada uno de los cambios que eran necesarios después que él se ha transformado y haya dejado a un lado la magia para que vuelva a ser lo que era y que todo se lleve a cabo como debe ser, cumpliendo así con la meta de su vida.
»Grande es esta obra como espectacular es su imaginería. En su trazo podemos ver que hay una pasión para entretener a su público con una historia en donde hace uso de la magia, muestra la brutalidad de los nativos e ignorantes como Calibán y, por otro lado, destaca el amor de la juventud de un príncipe que, según Miranda es una maravilla, como lo constata cuando al final de la obra los ve a todos reunidos frente a la cueva de su padre y no puede menos que exclamar:

»—¡Qué maravilla, cuántas criaturas encantadoras veo por aquí! ¡Ah, mundo feliz! (O, brave new world!) ¡Qué espléndido nuevo mundo, poblado por esta gente!

»Y si esto es lo que Miranda opina al final de la obra, es porque los cambios y la transformación que realizó su padre han sido todo un éxito.

»Por eso, más vale que nos vayamos con calma y recorramos, paso a paso esta obra como la fuente de la que podamos abrevar tantas cosas que están relacionadas con el cambio y la transformación.»[1]
Esto le escuchamos que dice cuando ha celebrado con ganas el compromiso de su hija con el príncipe de Nápoles y Próspero nos dice esto en un aparte:

Los principales objetivos.
Una vez que hemos podido imaginar el futuro, podemos diseñar todas y cada una de las acciones por realizar para poder enfrentarlo de una mejor manera. Para eso, antes que imaginemos el futuro, hay que reconocer cuáles han sido las actitudes que hemos asumido frente a los cambios experimentados y reconocer en ellos cuál ha sido el papel que hemos jugado para que recordando todo esto podamos reconocer cuál era el papel que jugamos en cada caso.

Se trata de analizar eso que puede suceder ‘antes’, ‘en’ y ‘después’ del cambio pues, sin duda, una de las características básicas del liderazgo es el deseo que tenemos para que las cosas cambien para poder enfrentar mejor el futuro. 



[1] NOTA: tomada del texto que se publicó en los Apuntes (No. 9) de La tempestad publicada por El Globo Rojo en 2004.