lunes, 25 de junio de 2012

Arte y Liderazgo: encuentro de dos mundos

por Nancy J. Adler, Universidad de McGill.
Traducido, anotado y editado por Martín Casillas de Alba


Las artes y los negocios no son diferentes campos;
son diferentes aspectos de un mismo proceso creativo.
Nancy J. Adler.

En vista de los cambios que hemos experimentado en los últimos años, tanto en la sociedad como en la economía, la tecnología, las empresas y las organizaciones del siglo XXI, se necesita conocer y adoptar nuevas, espontáneas y novedosas maneras de dirigir y de ejercer el liderazgo. Por eso, he investigado por qué un número cada vez mayor de compañías están contratando a artistas y tienen curiosidad por conocer sus procesos creativos para incorporarlos en sus propuestas estratégicas y en la dirección día a día y su liderazgo.

Maestría en Bellas Artes.
Tal parece que por estas fechas el Master in Fine Arts (MFA) viene a sustituir al Master in Business Administration (MBA). Ahora, la licenciatura en artes es una buena credencial para el mundo de los negocios, tal como lo señaló hace unos años la revista de Harvard Business Review.

¿Cómo se convierte una esperanza en realidad?
¿Cuáles son las leyes —se preguntan los estrategas— que hacen que la competitividad pueda depender de la esperanza? Dada la competencia natural en una economía globalizada, ¿es razonable aspirar simultáneamente a tener éxito en la empresa y que la sociedad pueda lograr un mejor nivel de vida? Tal vez esto no se podía pensar en el pasado, pero ahora, no sólo es la aspiración es razonable, sino que está empezando a suceder. En el 2001 Kofi Annan, el Secretario General de las Naciones Unidas, lanzó un programa llamado UN Global Compact, con el que se apoyaría a las empresas en el diseño y en la puesta en práctica de soluciones positivas que pudieran librar los retos de la globalización.

Unos años después había una 2,500 compañías alrededor del mundo que se inscribieron a este programa para proponer y  apoyar lo sustentable e incluyente que pudiera haber en la economía global. La sociedad del siglo XXI clama por tener un liderazgo que contemple estas nuevas posibilidades, un liderazgo basado en la esperanza, en las aspiraciones y en la innovación en lugar de ese otro liderazgo basado en la repetición de los patrones históricos con un pragmatismo constreñido. Este nuevo tipo de liderazgo requiere de una creatividad que logre anticiparse a los hechos y este es el dominio de los artistas, ese es parte del proceso artístico más que el proceso que hasta ahora llevan a cabo la mayoría de los directores de empresas.

La doble fertilización entre las artes y el liderazgo.
Es tiempo que se dé una doble fertilización entre las artes y el liderazgo, dice Nancy J. Adler y luego señala que ya se ha creado en Copenhague el primer Centro de las Artes y Liderazgo (CAL) como parte de la escuela de negocios. 

Las artes y los negocios no son diferentes campos, sino que son diferentes aspectos de un proceso creativo y si recordamos, Shakespeare era al mismo tiempo actor, dramaturgo, poeta y un excelente hombre de negocios que logró ser socio de la compañía de actores y del teatro El Globo.

En el siglo XXI el ambiente de  las empresas y los negocios está dominado por los aspectos implícitos de la globalización y por el dominio de las fuerzas del mercado que actúan en medio de una serie de cambios que ahora son más frecuentes que en otras épocas y, por eso, a veces tienen que seguir operando en medio de las turbulencias, ambigüedades y situaciones imprevisibles.

En este siglo vemos cómo aumentan los niveles del caos y la complejidad de las situaciones y por eso, los líderes del siglo XXI se están separando cada vez más de aquellas organizaciones como las que había antes y que eran una especie de máquina jerárquica con modelos hechos más a escala humana y cerca de las metáforas biológicas que tal vez permitían aprovechar mejor la energía.

Ahora, se han aplanado las estructuras jerárquicas, más a la manera de una red con estructuras de múltiples organizaciones, como esas que incluyen alianzas estratégicas globales, joint ventures internacionales, así como una buena cantidad de fusiones y adquisiciones con nuevos socios potenciales.

La ilusión de las «dos soledades».
Antes del referéndum en Canadá sobre la independencia de la Ottawa francófila, habría que conocer la realidad con los propios ojos preguntándose, antes de aceptar, si vivían o no de esa ilusión política las «dos soledades», es decir habría que comprobar si las dos sociedades habían visto jugar juntos a los anglófonos con los francófilos o si habían invitado algún día a su casa a sus vecinos ingleses o franceses y si disfrutan de eso que se llama la herencia cultural o si simplemente es que hablaban otro idioma.

«Vean, pues —insiste Henry Mintzberg de la Universidad de McGill— con sus propios ojos la realidad real y no se vayan con la ilusión política de las ‘dos soledades’. Los líderes tienen que tener el coraje de ver la realidad tal como es y lo que necesitamos no es una economía de manos y cabezas, sino una economía de corazones, de emociones, en donde cada uno de los empleados y trabajadores deben sentirse útiles, que contribuyan para hacer un verdadero cambio y se lleven a cabo las diferencias positivas en las vidas de los clientes y de los colegas.»

»Hasta ahora la correspondencia entre los valores emocionales es casi nulo. No quieren saber de nada que los comprometa, si no tiene que ver con el éxito en su carrera. ¿Por qué nos negamos a considerar que haya la posibilidad que nuestros colaboradiores puedan realizar esos deseos tan humanos como sería la posibilidad de trascender, de poder tocar a los demás, de hacer algo que en verdad tenga importancia para que podamos dejar este mundo un poquito mejor de lo que lo vivimos?»

La imaginación y creatividad.
Laurence Olivier,  Enrique V.
Las empresas tienen que darles una alternativa y una razón para que ellos ofrezcan su imaginación y su creatividad al trabajo. Se necesita tener coraje para ver la realidad y para no engañarse con las ilusiones y esta percepción de la realidad real no se adquiere fácilmente. Un filósofo de la educación como Parker Palmer, les advierte a los líderes que «no se engañen ni se coludan con lo ilusorio de que el mundo es mejor de lo que es; con la ilusión de que nuestras empresas son más exitosas de lo que son; con la ilusión de que el futuro es una proyección simple de los éxitos presentes o de esa ilusión de que, por ser más inteligentes y poderosos de lo que realmente somos, sólo por eso, se resolverán los problemas sociales o, para terminar, que la ilusión de que lo que sucede del otro lado del planeta no nos puede afectar de manera alguna o la ilusión de que el futuro pueda ser conocido y predecible.»

Tal vez por eso al inicio de la historia de Enrique V de Shakespeare con un hombre disfrazado de Prólogo que, en realidad, es el cronista de la obra, quien nos pide que todos usemos nuestra imaginación para que podamos entender mejor lo que pasa:

¡Ah!, quien tuviera una musa de fuego
para poder ascender al más radiante universo de la invención!
¿Ustedes creen que pueda caber dentro de esta «O» de madera
los vastos campos de Francia y los cascos que sembraron
el pánico bajo el cielo de Agincourt?

Perdonen si por ahí una encorvada figura
representa en tan poco espacio a un millón de ellos.
Les propongo que sea su imaginación la que complete
y le dé forma a estas cifras.

Supongamos, pues, que entre los muros de este recinto
están confinadas dos poderosas monarquías
cuyos frentes amenazadores están dispuestos a entrar en conflicto, 
separados tan sólo por la franja
de un peligroso y estrecho canal. 

Suplan las imperfecciones con su imaginación.
Multipliquen a ese hombre por mil y
hagan uso del poder de su mente.
Cuando hablemos de caballos,
imagínense que los ven pisar con sus cascos
sobre la tierra que los resiste.

Sólo con su pensamiento podrán vestir a los reyes
y harán que se trasladen de un lado para el otro,
cabalgando de una época a otra,
amontonando en unas cuantas horas los sucesos de años.

La realidad real.
La realidad es que, como nunca antes, el éxito de los negocios es transitorio e impredecible. La negación de la realidad por parte de los líderes de las empresas, puede convertirse en una tragedia. Sabemos lo fácil que es coludirse con la ilusión y lo difícil que es ver la realidad real que nadie desea.

El 11 de septiembre del 2001, con todo el dolor del mundo, quedó al desnudo la ilusión que tenía los norteamericanos de ser invulnerables y se acabó aquello que pensaban que eso, nunca podría suceder aquí. El liderazgo empieza reconociendo la realidad real y la verdad de las cosas con ese coraje que se necesita para verla tal como es. Tal vez por eso utilizo en los talleres de liderazgo que ofrezco para los ejecutivos la vida de Enrique V para enfatizar el liderazgo que inspira y motiva; así como en La tempestad cuando se trata del liderazgo del cambio y la transformación o en la obra de Julio César, para los talleres del liderazgo que influye. Son tres obras de William Shakespeare que nos permiten ir hasta el fondo de esa problemática. Son modelos que nos permiten revisar las características y habilidades de sus principales protagonista para aplicarlo al liderazgo de este siglo.


«No poder ver la realidad real —como dice Frederick Franck, quien trabajó con Albert Schweitzer en África— es la causa principal de un sufrimiento aterrador... los humanos nos hacemos daño unos a otros, así como les hacemos daño a los animales de la Naturaleza y al planeta mismo.»

Tal vez por eso insistía —como John Ruskin en su tiempo— que aprendiéramos a dibujar los paisajes o los edificios aquello que nos llamaba la atención, porque sólo así, aprendemos a ver mucho mejor las cosas que nos rodean.

Martin Gayford.
Aprender a ver los detalles en las artes plásticas —como lo comenta Martin Gayford en su libro Man with a Blue Scarf. On Sitting for a portrait by Lucian Freud, en donde dice el autor y al mimso tiempo el modelo de ese retrato que ‘Lucian Freud se concentra en esas cosas que aparentemente son insignificantes. Cuida los detalles (parecido a lo que hacen los buenos líderes.) Una manera de prestar atención al detalle, es dedicándole un buen tiempo a concentrarse en lo que está haciendo’—  les ha permitido a los estudiantes de medicina poder ver mejor la verdadera constelación de características y síntomas de sus pacientes una vez que han visto en detalle las obras de arte y los grandes retratos. Observar los detalles es uno de los principios de la Teoría-U —otra conexión más con ese liderazgo alternativo en donde se propone que primero que nada hay que ‘observar, observar y observar, reflejarlo y retirarse para dejar que salga del fondo eso que hay que hacer para llevarlo a cabo suavemente, con un flujo natural.’

Poder leer el futuro.
Poder ver la realidad requiere, además de tener valor y coraje, poder visualizar las posibilidades que habría en el futuro para poder seguir soñando el gran sueño.

Que no nos extrañe que Próspero, el personaje principal de La tempestad, más o menos le dice a su hija Miranda: Yo, que sé leer el futuro… y, por eso, planea todo lo que tiene que hacer para recuperar su ducado, casar a su hija con el príncipe de Nápoles y que de esa manera tengan una mejor probabilidad de enfrentar el futuro y que sea éste más sustentable. Es un líder y al mismo tiempo el arquitecto del cambio que, cuando sabe que ha logrado hacer lo que era necesario, renuncia a sus poderes 'mágicos' para ser quien era antes: un buen duque de Milán.

Por eso no es sorprendente que Richard Olivier, director de teatro, utilice la obra de Enrique V de Shakespeare y no a otro conjunto de teorías sobre la motivación, para revisar con los ejecutivos una nueva perspectiva sobre el liderazgo que inspira y motiva, el Inspirational Leadership, como él lo titula.
Richard Olivier ha analizado la vida de Enrique V, ese rey medieval que es el personaje principal de esa obra de teatro histórica escrita por William Shakespeare en 1599 para estrenar el teatro El Globo en ese año, sabiendo que se trata de «uno de los más grandes líderes, inspirado e inspirador, visionario y pragmático, poderoso y, a la vez, responsable», como lo podemos ver cuando hace su arenga antes de la batalla de Agincourt, en donde estaba en una desventaja de 5:1 en donde argumenta que 'menos es más'.

Para poder resaltar todo aquello que interviene en los cambios y partiendo de las conclusiones a las que había llegado Charles Darwin cuando señala que «en las especies el que sobrevive no es el más fuerte, ni el más inteligente, sino aquel que responde mejor al cambio» y por eso toma como punto de partida La tempestad, la última obra escrita por Shakespeare completa, con la que puede recorrer todas y cada una de las características, habilidades y procesos que sufrió Próspero para llevar a cabo los cambios que consideraba necesarios para enfrentar mejor el futuro.

Y, siguiendo estos ejemplos, toma en consideración la obra de Julio César, para sustentar y analizar las variables y características de los hombres en el poder y aquello que se requiere para poder influir en los demás y en los que jerárquicamente son superiores para lograr hacer lo que se crea necesario. El carisma era lo que tenía Julio César; la inteligencia política parece que era uno de las habilidades de Casio; la inteligencia emocional y la empatía la tenía Marco Antonio y la cuarta de estas características como es el prestigio, lo tenía Bruto desde que sus ascendientes fueron actores para crear lo que sería la República Romana.

El teatro, el mejor simulacro de la vida.
Las buenas obras de teatro como una manera de llevar a cabo la doble fertilización entre las artes y el liderazgo, pues es a través de estas que podremos conocernos mejor.

Lo escribió Mario Vargas Llosa después del otoño del 2009 cuando pudo ver en Londres El año del pensamiento mágico una obra de Joan Didion, con Vanesa Redgrave en ese largo y emotivo monólogo: «la literatura, la música o una exposición pueden enriquecer la vida, intensificándola y sensibilizándola de manera profunda, transportando a lectores, oyentes o espectadores a unos niveles de percepción y comprensión del mundo, de las relaciones humanas, de los sentimientos, que, además de hacerlos gozar, los vuelve más lúcidos respecto a las insuficiencias e imperfecciones de las que están rodeados.

»Pero probablemente ninguna otra experiencia artística tenga un efecto tan poderoso sobre el ánimo y la conciencia del ser humano como una buena obra de teatro. Porque éste es el mejor simulacro que existe de la vida, el que se le parece más a nosotros, pues está hecho de seres de carne y hueso que, por el tiempo que dura esa otra vida mientras transcurre en el escenario, viven de verdad aquello que hacen y dicen, y lo viven si tienen el talento y la destreza debidas, de una manera tal que nos fuerza a nosotros, los espectadores, a vivirlo con ellos, saliendo de nosotros mismos, para ser otros, también mágicamente.

»Creo que es la mejor manera que hemos inventado para vernos mejor y saber cómo somos.»

La doble fertilización.
Sin duda pues, la propuesta de Nancy J. Adler ha tenido respuesta en México con los talleres de liderazgo que ofrezco desde mayo del 2008 después de haber estado con Richard Olivier en Inglaterra y ahora que el ITAM me ha invitado para ofrecer esos cursos a nivel de licenciatura como una materia optativa del tronco común de Estudios Generales como el que hacen los alumnos de esa institución. Algunos de sus apuntes sobre las obras que hemos visto, las podrán encontrar en Las Historias de Shakespeare.

El impacto ha sido positivo y de pronto, el liderazgo se puede ver desde esta nueva perspectiva. Como el caso de estudio son en realidad personajes de unas obras de teatro, sus casos son más duraderos.
El esfuerzo de poder conectar lo que se estudia con la realidad real, lo que sucede en una buena obra de teatro con aspectos de nuestra vida, tanto en el ámbito profesional como en el individual, me ha confirmado la necesidad de promover a través de una publicación periódica estas relaciones, como las que puede haber en una obra de teatro y los dramas políticos que estamos viviendo en este año del 2012, entre otros ejemplos.

Considerar las artes y el liderazgo como una manera de aplicar la imaginación, ha sido a la fecha todo un éxito y, por eso, habría que insistir en señalar todo aquello que está a nuestro alrededor (artistas y obras de arte, así como líderes y empresas ejemplares) que relacionándolos podamos enfrentar mejor los retos y no perdamos la esperanza de llegar un día a realizar nuestro sueños tanto en nuestra vida profesional, como en nuestro liderazgo, así como en nuestra vida en particular.

Nos seduce la belleza de la comodidad

por Adam Smith.


Sin título. Manuela de Laborde, 2012.
Según los historiadores financieros, gran parte de la primera etapa de la industrialización fue resultado del auge inesperado en los mercados de los objetos frívolos, incluyendo la ropa de moda y los juguetes.

La Teoría de los Sentimientos Morales de Adam Smith, publicada en 1759, sienta las bases filosóficas de su tratado La riqueza de las naciones, que apareció unos años después en 1776. Los mercados de lujo florecen, concluyó Smith, porque «nos seduce la belleza de la comodidad que reina en los palacios y la economía de los grandes; y admiramos cómo todo se alinea de tal manera que promueve la comodidad, para que no carezcan de algo, para satisfacer sus deseos o para entretener sus placeres.»

Smith se dio cuenta de que lo que realmente constituía la «riqueza de las naciones» era algo más que la dura realidad física y una serie de servicios públicos razonables. Lo que engrasaba el mecanismo de los fabricantes y el de los talleres tenía que ver con los conceptos de «seducción» y «belleza» y, a largo plazo, hacía mucho más que explicar la demanda de bienes privados.

Smith argumenta que «el mismo principio, el mismo amor al sistema, la misma consideración por la belleza del orden, del arte y de los mecanismos, con frecuencia sirve en el caso de las instituciones que tienden a promover la seguridad social… pues forman parte del gran sistema del gobierno y son las ruedas de la máquina política que parecen girar con más armonía y facilidad gracias a estos principios.»

Este argumento –el deseo de belleza y su seducción como motivador para el consumidor y ciudadano moderno— requiere que se determine el tipo de valor que está detrás de este deseo. Smith evita indagar en el asunto y, en vez de ello, sugiere que «ello» tiene que ver con algo grandioso e importante, pero, su «principio del placer» no se presenta como una tercera alternativa. 


Quizá el uso de la palabra «máquinas» en esta explicación sea una indicación de porqué no hizo un seguimiento de este pensamiento o intuición, ya que los mecanismos desbarataban su camino ascendiente por la vía filosófica. ✪


NOTA: tomado de The Art Firm, Pierre Guillet de Monthoux. Capítulo 4. «Metaphysics — Marketing of Art Firms», pp. 95-96.