martes, 9 de septiembre de 2014

El deseo de recordar lo que más queremos

EL ARTE COMO TERAPIA.


VAMOS A TRATAR DE DESCUBRIR si el arte nos puede servir de algo en esta vida, si es que sabemos donde y cómo nos puede servir para que nuestra mente o nuestras emociones se fortalezcan donde sabemos que somos más frágiles.

Por ejemplo, cuando nos damos cuenta que somos malos para recordar ciertas cosas o lo que más queremos. Es nuestra mente perturbadoramente responsable la que pierde información que puede ser importante, sobre todo, de algunos sucesos o sentimientos.

Escribir es una muy buena manera de reparar las consecuencias del olvido; las artes plásticas pueden ser otra manera de hacerlo. La historia de la pintura trata justo del tema del recuerdo y de la memoria, tal como lo decía Plinio el viejo, el historiador romano o como se pintaba en el siglo XVIII y el XIX en Europa. Por ejemplo, esta pareja de jóvenes enamorados que se van a separar y, como aliciente, ella decide dibujar el perfil de su amado y frente al miedo que le produce la pérdida, copia su perfil sobre la base de una tumba, usando como pincel la punta chamuscada del bastón del pastor.

¡Ah!, qué buena idea: tratar de recordar al ser amado pintando su perfil para resaltar aquello que nos permite imaginarlo como si estuviera cerca. Vamos a recorrer con calma esta obra que pintó Jean Baptiste Regnault (1754-1829) y que no deja de ser conmovedora:

El cielo medio pardusco insinúa que puede ser el último día que estarán juntos. La pipa rústica que trae el pastor es un símbolo tradicional de esta gente y que vemos cómo la sostiene con la mano mientras está con la mente en blanco. En cambio, a la izquierda del cuadro, vemos a un perro que ve a la mujer y que nos recuerda que, en esta vida, existe la fidelidad y la devoción.

Ella pinta el perfil de su amante de tal manera que, cuando él se haya ido, ella podrá recordarlo de una manera clara y poderosa: la forma de su nariz, el peinado de sus rizos, la curva de su cuello y la manera en que alza uno de sus hombros para que ella los tenga presentes mientras que él estará en el campo, lejos de ella, haciéndose cargo de su ganado en un verde valle.

No importa si este cuadro es una precisa interpretación del origen del arte pictórico, lo que nos importa es esta percepción que tiene más que ver con la psicología que con la historia de la pintura.

Regnault está tratando de un asunto trascendente de tal manera que el arte nos importe más que sea un juego de la erudición como puede ser el conocer la historia del arte y los primeros esfuerzos pictóricos. La respuesta que nos ofrece este artista con esta obra es crucial porque nos ayuda para una tarea que es importante en nuestra vida: conservar la memoria de aquellos que amamos cuando se hayan ido.

Hay que considerar de ese impulso y necesidad cuando tomamos las fotografías de la familia: es una especie de urgencia la que nos hace de tomar la cámara o ahora el celular, para registrar el momento que registra esa angustiosa conciencia que tenemos de nuestras debilidades cognoscitivas con el paso del tiempo: todos olvidemos el Taj Mahal, la caminata por el campo y, más importante todavía, la mirada de nuestro hijo cuando está empezando a armar sobre la alfombra de la casa esas piezas de Lego que le regalamos cuando tenía siete años y meses de vida. Tenemos miedo de olvidarlo y, sin embargo, son cosas tan particulares.

No es cualquier cosa querer recordar lo que realmente importa, y a esos que juzgamos y decimos que son "buenos artistas”, en parte, sabemos que lo son porque han escogido de una manera correcta aquello que hay que conmemorar y aquello que hay que dejar fuera.

La imagen en la pintura de Regnault, no es simplemente la forma en la que posa el amante que se va, sino lo que la mujer desea guardar en su memoria: ella quiere algo más complejo y elusivo: su personalidad, su esencia.

Para poder archivar esto, los objetos de arte tienen que atender a ciertos niveles de sofisticación. Hay muchas cosas que se pueden registrar en esta escena, persona o lugar, pero unas son más importantes que otras y si queremos describir una obra de arte como algo exitoso, incluyendo alguna fotografía familiar, es cuando logramos que estén presentes, o sugeridos, el fondo de aquellos elementos que son valiosos y significativos como para recordarlos con intensidad.

Deberíamos decir que una buena obra de arte es aquella que puede conectar el corazón a lo significante, mientras que su contraparte, captan lo superficial y dejan escapar lo que, para nosotros, es esencial e importante y el recuerdo se queda vacío falto de significado.
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* Tomado de Art as Therapy de Alain de Botton y John Armstrong (Phaidon Press Limited, Londres. 2013), en una versión libre de Martín Casillas de Alba. México D.F., a martes 9 de septiembre, 2014.

martes, 2 de septiembre de 2014

El arte como herramienta

El origen de la pintura de Jean Baptiste Regnault (1754-1829).

Como otras herramientas, el arte tiene el poder de extender nuestras capacidades más allá de lo que la naturaleza nos permite hacerlo. El arte compensa algunas de nuestras debilidades que las podemos definir como “fragilidades psicológicas.”

Por eso Alain de Botton y John Armstrong proponen que el arte puede ser un medio terapéutico que nos puede ayudar a guiar, exhortar y consolar a los espectadores de estas obras de arte para permitirnos llegar a tener una mejor visión de uno mismo en cada una de las categorías implícitas en estos ensayos en donde serán las artes plásticas, los trabajos de diseño, de arquitectura y las artesanías las que nos pueden ayudar a mejorar nuestra visión. Por lo pronto dejan a un lado las otras artes como puede ser la música o la danza.

Estas artes son las herramientas como si fueran una extensión del cuerpo que nos permitirán satisfacer los deseos o los sueños que tenemos y que son, de alguna manera, un objetivo en nuestra vida, y así como un cuchillo es la respuesta a nuestras carencias e inhabilidades para poder cortar y una botella o un balde es la herramienta que usamos para acarrear agua, así podremos descubrir cuál es el propósito del arte si nos preguntamos: 

¿Cuáles son esas cosas que necesitamos para que nuestra mente o nuestras emociones se fortalezcan justo donde sabemos que tenemos alguna fragilidad?, o 

¿Cuáles son esas debilidades psicológicas en donde nos puede ayudar el arte?

Ya habíamos publicado la lista con los temas en donde el arte nos puede ayudar y que son los que vamos a tratar de conocer más adelante en detalle para que podamos fortalecer algunas de nuestras flaquezas como estas que Alain de Botton y John Armstrong han identificado:

1.     Recordar
2.     Mantener nuestra esperanza
3.     Tolerar la tristeza
4.     Volver a equilibrarnos
5.     Entendernos mejor
6.     Poder crecer y madurar
7.     Incrementar nuestra apreciación


* Tomado de Art as Therapy de Alain de Botton y John Armstrong (Phaidon Press Limited, Londres. 2013), en una versión libre de Martín Casillas de Alba.