miércoles, 18 de noviembre de 2015

Mary Stuart: la libertad de improvisar

México D.F., a miércoles 18 de noviembre, 2015.—

Chi Painting. Mary Stuart revisando su exposición en la GAM.
Les tengo mucho respeto los artistas y a las personas que siempre van hacia delante, que se arriesgan para poder expresarse mejor y hacen lo que crean necesario para lograrlo tal como lo ha hecho Mary Stuart desde el día que dejó a un lado la ‘precisión’ y lo ‘perfecto’, para atreverse a improvisar, basada en un original, para expresar lo que ese día, en verdad, le salía del alma y como si fuera una buena actriz, poner en tela de juicio o de lino, da lo mismo, el flujo de energía vital (Chi, como le dicen en chino mandarín) que traía consigo ese día transformada en sombras que quedan en sus telas de gran formato, en donde, se ha trepado al escenario para convertir su energía, una vez que se ha soltado el pelo, haciendo a un lado el guión e improvisando sobre el lino crudo pintando unos símbolos con barras de óleo en tres tipos diferentes de caligrafía: la gruesa, la mediana y la ligera con los que plasma su energía o Chi, que es la parte vital de Mary Stuart en plenitud.

Acaba de inaugurar su exposición Chi Paintings en la Galería de Arte Mexicano de San Miguel Chapultepec con varias obras que le tomaron más o menos un año y, para que podamos disfrutarlas, nos invita, además de ir cualquier día de lunes a viernes; el próximo miércoles 2 de diciembre podemos para pasar ‘un día con el artista’ y ver a su lado el resultado de esta transformación basado en ese principio de Lavoisier donde nos dice que ‘nada se crea, nada se destruye, todo se transforma’, como lo hemos podido comprobar en estas telas majestuosas, plenas de energía como la que Mary transformó a través de unos símbolos incorregibles, en una especie de caligrafía, desde el momento en que Mary se atrevió a dar un paso adelante en sus proceso creativo, para ofrecernos esos símbolos cargados de energía en color índigo (negro-azul) como en Índigo Night Shadows (210 x 450 cm.) donde tratan de escapar de la tela como si estuvieran en pleno movimiento, como huellas que contrastan con el fondo; o esas otras en blanco sobre blanco como White Light, (270 x 200 cm.), en donde crea un refugio de paz, sobre todo, si dejamos que nos invada ese sentimiento, entre uno que otro suspiros.
Índigo Night Shadows (210 x 450 cm.)
La libertad en acción que, como ella dice: ‘me encantaba lo que estaba haciendo, en encantó eso, que no es nada intelectual, sino más bien emocional…’ Eso es lo que ha logrado Mary con estas telas, unas más explícitas que otras, unas con un fondo más claro que otras o las dos o tres que hizo a colores, maquilladas a propósito para llamar la atención, como esa, para quedarnos bajo las sombras de una enramada, ‘como las que hay en los manglares fuera de Mérida’, que nos pueden abrumar como si nos hubiésemos quedado encerrados bajo las barras hechas de sombras.

Preferimos el imponente Índigo Night Shadows, en donde puede uno comprobar la presencia del flujo vital en esos símbolos índigo sobre el fondo pintado con las palmas de sus manos hasta crear un fondo o sombra como la que requiere para ver mejor ‘eso que está en movimiento’ y que no sabemos qué es, pero que tiene movimiento, esa energía en transformación que desea salirse del lino en pleno ejercicio de su libertad.

Mary logró congelar ese movimiento en una especie de juego como aquel que jugábamos de niños en un ‘engarróteseme ahí’, mientras corríamos de un lado para el otro hasta que alguien gritaba eso y nos quedábamos como estábamos: con un pie en el aire y la mano tratando de alcanzar una rama del árbol donde pretendíamos subirnos y desaparecer.

El flujo vital de energía está a punto de desbordarse como se desborda la belleza de sus obras en un momento dado, como el que logró Mary Stuart con sus barras de pintura (oil sticks) y la palma de sus manos, hasta darle a la tela una mayor o menor trasparencia, un mayor o menor contraste, todo en plena improvisación, como la que se le ocurrió hacer cada día frente a cada una de sus telas que ahora podemos disfrutar más sabiendo que estamos frente al ‘principio activo vital’ en plena transformación.



martes, 3 de noviembre de 2015

Un ejercicio de empatía

México D.F. a martes 3 de noviembre, 2015.— 

Inmigrantes sirios que han dejado todo para sobrevivir con lo que tienen puesto.
El título de la viñeta de El Roto publicada en El País el 11 de septiembre decía: «Qué difícil es ser uno mismo cuando todos los demás son otros». Al leerla, funcionó como si se pusiera en ‘on’ del interruptor, después de haberle sacado la vuelta para considerar a los inmigrantes y ponerme en su lugar, es decir, para hacer un ejercicio de empatía, como al que los estoy invitando para que lo hagamos, pues es una de las características del liderazgo que necesitamos desarrollar, para ver si así logramos comprender mejor a los otros y todo lo que les está pasando y, aunque sienta que me asfixio, los invito a que imaginemos por un momento que somos nosotros los que huimos de Siria de esa ciudad que ha sido destruida —como Damasco o Alepo— y que, estuviéramos amenazados de muerte por los bombardeos de parte del gobierno o de Putin o de los rebeldes de ese miserable gobierno.

El hecho es que no podemos vivir más donde hemos crecido y hay que salir con dos tiliches, no más, después de respirar hondo y jugarnos la vida dejando todo lo que teníamos: la nica, la cama y la nana; la infancia, los libros, las fotografías, las cartas y la Mac con los textos y las historias escritas; los correos o los óleos de la hija y todos los recuerdos que son un tesoro de poco valor material, pero de mucho valor anímico.

Sí, dejar todo, —¡todo!, ¿me explico?— y salir un día de la mano de nuestra pareja —y de la de nuestros hijos o nietos— después de haberle pagado a un tipo que nos asegura nos llevará hasta la isla de Lesbos en Grecia, cerca del Oriente Próximo y, a partir de ese día, no voltear jamás y empezar otra Odisea, sin importar la edad que tengamos y sólo con lo que llevamos puesto.

Al ver las fotografías de esos inmigrantes en la frontera de Hungría o de Serbia después de haber librado la muerte en el Mediterráneo y de haber caminado cientos de kilómetros, ahora con frío y bajo la lluvia de otoño, hambre y sed, cargando a sus niños por días y semanas sin saber cuál es su destino final: ¿Alemania? ¿Francia? ¿Dinamarca?, sin saber cómo van a sobrevivir, sin hablar el idioma, recibiendo, a veces, un trato como el que les damos en México a los perros callejeros; durmiendo al aire libre o en refugios como homeless, tomando agua y si les va bien, un pan mojado de vez en cuando.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Qué es lo que han hecho para que el Destino los trate así? Los jóvenes tienen esperanza, los viejos amargura y la impotencia de haber perdido todo y, en medio de ese vacío sentir que los que nos rodean son ‘los otros’, los extraños, como lo es el clima, el lenguaje, las costumbres y, todo eso, sin saber cómo van a sobrevivir.

De pronto, vemos a unos alemanes que los tratan como seres humanos y otros, los xenófobos fascistas que desean matarlos y por todo esto se nos atasca la garganta de ver algunas escenas de esta gente que está agarrada de la vida con las uñas en la tierra para no caer al precipicio.

Antes de terminar este balbuceo propongo que escuchemos (está en YouTube) Va pensiero… del Nabucco de Verdi dirigida por Riccardo Muti con el encore cuando le pidió al público que cantara esa versión inolvidable: Va pensiero!… ¡Vuela pensamiento con alas doradas, pósate en las praderas y en las cimas donde exhala su suave fragancia el dulce aire de la tierra natal!...