martes, 26 de enero de 2016

Traducir con el alma o su viaje con Shakespeare

POR EDMUNDO FONT, EMBAJADOR.


A propósito de la conferencia que dio Martín Casillas de Alba en el Ex Colegio de Tlatelolco el 7 de enero, 2016 a un grupo de embajadores en donde asistió la Canciller, Claudia Ruiz Massieu.

Ex Colegio de Tlatelolco, en la Ciudad de México.

Algo habrá de magia, a la manera iniciática de los Isabelinos, cuando se reencuentra, inesperadamente, a un amigo que se ha admirado, por su disciplina de excelencia. Es el caso de haberme ofrecido, un cuarto de siglo después, con Martín Casillas, ingeniero químico, matemático, fundador y director editorial del prestigioso diario El Economista; editor de la mayor limpieza, convertido en un extraordinario y sorprendente traductor de William Shakespeare; conferencista de los que parece que les va la vida en su rigor didáctico, y literato tardío —pero nunca atrasado que el mismo ha tenido el valor de novelar MACBETH, Antonio y Cleopatra y Romeo y Julieta, que incursionar en la narrativa histórica (nacional-familiar) y en la ficción novelada de su propia vida, que de alguna manera le ha salvado otros interiores, a la manera de Hemingway, Scott Fitzgerald, o del mismo Juan Rulfo, cuando el creador de Comala rescata las voces de los caminos del occidente de México, nunca mejor dicho, mientras vende llantas por caminos reales donde seguían transitando las mulas y los contadores de historias, con los fantasmas de don Pedro Páramo encima.
         A Martín Casillas, cercano amigo de los más ilustres escritores nuestros, como el mismo Rulfo o Tito Monterroso, lo tuve a tiro de vuelo de pájaro durante un "taller" de redacción ejecutiva que nos organizó la cancillería mexicana durante la reciente reunión anual —la XXVII, y he asistido a todas ellas— en la que se introdujeron vientos de cambio renovadores, como es la de contar con voces intelectuales tan acertadas como la del propio maestro (en el ITAM) en el que se ha convertido el Martín Casillas, en una de las tres vertientes profesionales que ama precisar: sus tareas cotidianas como ejecutivo de una compañía de comunicación; profesor universitario y creador literario (el no añade la de editor, que lo es), y redactor de blog's de diversa inclinación, al modo de los heterónimos de Fernando Pessoa —a más se parece, en una versión de hombre más alto, al creador de Álvaro de Campos.
         Liderazgo del cambio y la transformación es el título del último texto recién salido del horno de Martín Casillas de Alba. En este inteligente resumen de intenciones se concentra también la prodigiosa propuesta que representa la inercia vital, ética y moral, de pensadores que han tenido la fortuna de recibir dones preciosos de observación de las pasiones humanas para plasmarlas en altos mensajes estéticos, que además nos han proporcionado y nos siguen dando, a decenas de generaciones, un gozo literario de contados nombres, entre todos los clásicos que en el mundo han sido. Está claro que la polémica de los críticos entre la mayor o menor grandeza del Dante, Cervantes, Molière, Hugo, Balzac, Goethe y el mismo Shakespeare, no acabará nunca. Lo relevante, es la obsesión tan sana que despierta tratar de traducir no sólo originales complejos y casi imposibles de trasladar, sino rescatar el "mensaje" en moldes contemporáneos de utilidad práctica para todos aquellos que tienen responsabilidad de liderazgo, en la sociedad contemporánea, tan relativa en términos de principios humanísticos, y demasiado contagiada por los duendes que brotan de los instrumentos de la lámpara internauta los Aladinos tecnológicos contemporáneos.
         En pocas palabras, el intento colosal de Martín Casillas, de llevar a nuestra mesa, en los más diversos ámbitos, desde la formación, a los placeres de la lectura y del aprendizaje, y los métodos de aplicación directos en la nuestra cotidianidad, es una empresa que no sólo celebramos, sino que envidiamos por su alta capacidad de rigor y de entrega. En este esfuerzo se encuentran 37 libros de Apuntes, en su edición, traducción y notas del cuerpo literario shakespeariano que hace Martín Casillas y una versión narrativa y poética de los 154 sonetos, reunidos en cinco tomos, del gran escritor inglés.
         Estamos ante una empresa intelectual que sólo pudo ser posible gracias al amor ya la reverencia que puede despertar uno de los más grandes autores clásicos de todos los tiempos.Y este encantamiento literario pretende contagiar a los lectores contemporáneos de esta lección universal de vida, que se origina en el conocimiento profundo de las pasiones humanas.

MENSAJE.
No sólo importante sino bello el momento de tu cátedra magistral, estimado Martín Casillas, en el contexto ambiental de un convento dedicado a Santiago de Compostela, en Tlatelolco, sede de la memoria de la Cancillería Mexicana (más simbólico para mí, porque además de mi vertiente diplomática, mi abuelo el Coronel revolucionario Conrado López, villista, estuvo preso allí, al igual que el General Reyes, padre de don Alfonso).
         Así que fíjate lo que son las coincidencias que marcan nuestros buenos días, un ejercicio intelectual organizado durante una memorable reunión anual de embajadores termina multiplicando dimensiones simbólicas de gran calado en el panorama de la creatividad y dimensión de maestría mexicana.
         Y como un ejemplo, comparto con los lectores un breve pasaje de esta obra relevante tuya, en uno de tus fascículos de "apuntes":

HABLAR CON EL ALMA.
«Este es un tema que bien vale la pena detenerse por un momento para que podamos ver lo que puede significar en nuestra vida familiar o empresarial si un día de estos podemos, como Ferdinando, 'hablar con el alma' y evitar, si es posible, las 'mentiras' y los secretos que son el cáncer de cualquier sociedad. Por ello, hay que considerar desde el momento en que escuchamos esto que le dice Ferdinando en Miranda en un momento dado, cuando podrían haber dicho o simulado cualquier otra cosa, él le dice con toda naturalidad:
         »— Escucha lo que dice mi alma: desde el primer instante que te vi, mi corazón voló a tu servicio...
         »Siempre me he preguntado ¿por qué no podemos hablar con el alma? ¿Por qué siempre tenemos que guardar un cierto secreto para que el otro no se mortifique o porque no nos regañen? Por qué no lo hemos aprendido a hacer desde que éramos pequeños?
         »Hablar con el alma es conseguir tener una comunicación verdadera, auténtica, para poder conectarse con los demás en términos de lo que sentimos y de la verdad, tal como es o como creemos verla. Es considerar de una manera más 'humana', la angustia del otro por el cambio una vez que practicamos la empatía, una de las principales variables del liderazgo que explican de manera importante, como es el prestigio y la inteligencia Inteligencia emocional o racional para poder ser buenos guías.
         »¿Para qué decir verdades a medias muchas veces? ¿Por qué tenemos que seguir almacenando secretos y mentiras en este baúl que se parece cada vez más a la caja de Pandora?
         »Antes de concluir con este capítulo sobre las ventajas de saber 'hablar con el alma', hay que imaginar cómo sería nuestra relación familiar o en la empresa sin que haya este virus que se llama 'secretos y mentiras' que llega a pudrir las maderas con que se han construido para que, el día menos pensado, se colapsen como se colapsan las vigas de madera una vez que la polilla ha hecho de las suyas con el tiempo y si no hagan memoria y verán cómo estas dos variables son capaces de romper todo esto que aparenta ser sólido y eterno.» 

martes, 12 de enero de 2016

Embajadores, traductores de la complejidad

Ciudad de México, a 14 de enero, 2016.— 

Claudia Ruiz Massieu, Secretaria de Relaciones Exteriores.
El domingo 13 de diciembre se firmó la propuesta de la Cumbre del Clima en París a pesar de que estuvo a punto de fracasar por una palabra: cuando estaba listo para que los 195 países firmaran el acuerdo, Laurent Fabius, Ministro de Relaciones Exteriores de Francia y presidente de la Cumbre, se dio cuenta que había un problema mayor en la redacción del acuerdo y, en ese momento, cambió la palabra deberán (shall en inglés), por deberían (should en el original), para que quedara así en el apartado de las obligaciones para la reducción de emisiones. Si no lo hubiera hecho, los Estados Unidos se quedarían fuera del acuerdo, en vista de la débil posición que tiene Obama con el Poder Legislativo que no hubiera aceptado la ‘obligación’, pero sí el ‘deseo’ de cumplirlo, como resultó con el cambio del verbo y el acuerdo se salvó.

Así empecé la plática que ofrecí en la XXVII Reunión de Embajadores y Cónsules como parte de las actividades optativas el jueves por la tarde, invitado para dar el «Taller de redacción ejecutiva, traductores de la complejidad», en donde ofrecería «algunas de las estrategias y técnicas para mejorar la comunicación escrita y maximizar su impacto a través de las experiencia del ponente como escritor.»

El taller se llevó a cabo en el Ex Colegio de Santiago Tlatelolco, una joya colonial que hacía tiempo no visitaba y, para mi sorpresa, la Canciller, Claudia Ruiz Massieu, a quien tuve el gusto de conocer en esos días y quien, para mi sorpresa asistió al taller. Como se pueden imaginar, la plática fue tomando un nivel que nunca pensé lograr y, de esta manera, me di cuenta que es una líder excepcional que, entre otras cualidades, ejerce su liderazgo como lo explico en el taller de Liderazgo basado en Enrique V de Shakespeare, en donde tiene un trato digno, cuida los detalles y es parte de la acción, como es Enrique V durante esa obra y como fue durante el sitio de Harfleur.

Utilicé la tesis de la maestra Valerie Gauthier de la HEC en París quien dice que «los traductores de poesía son los maestros de la complejidad» y, desde que leí ese ensayo, hice un paralelismo entre estos traductores y el que pueden hacer otros ejecutivos, como en este caso, los embajadores y cónsules que pueden ser «traductores de la complejidad internacional».

Se trata de entender los hechos y sucesos de esa región del mundo donde residen, que hay que desanudar como con las madejas de hilos con los que van tejiendo esas historia basadas en otras culturas y geografías para que, al desenredarlas, los lectores podamos entender lo que cuentan de esos países tan diferentes al nuestro y, como los buenos traductores de poesía que tienen una percepción intuitiva y sensible para entender el poema original, los diplomáticos deben conocer esa sociedad y cultura para traducir el contexto y establecer una relación con el resto del mundo de tal manera que podamos entender la interacción que puede haber y, si es necesario, descentrar la trama para aplicarla en nuestro ámbito, como Ezra Pound traducía en versión libre algunos poemas.

Pude participar con otras experiencias y complejidades como las cartas que publiqué en Las batallas del General (Planeta, 2002), ejemplo de las dificultades de España cuando Ramón Corona fue embajador en ese país de 1874 a 1884, así como, de las complejidades que tuve al traducir los 154 Sonetos de Shakespeare. Tal parece que este paralelismo funcionó bastante bien.